Muchas noches, antes de ir a dormir, mi padre me narraba un cuento.
Entre delirios inventivos e intentos
desesperados por lograr mi "tengo sueño" una noche le dio en la tecla con un personaje que me robó el corazón.
Don Pascual. El hombre que hacía dormir a cualquier niño.
Este anciano, alto, pelado, con una gran barba amarilla que hacía las veces de turbante, vivía en una
casita en el Cerro de
Montevideo.
Dormía durante el día porque cada caída del sol significaba para él un nuevo desafío. Sus noches eran muy largas.
Pero Don Pascual amaba su trabajo.
Una de las cosas que más me gustaba era su bicicleta. Era una de esas
bicis con una rueda
gigaaante y otra más pequeña. En un costado, Don Pascual tenía una gran mochila que oficiaba de alacena por si en el trayecto se le antojaba un bocado o tenía sed. En el otro, llevaba un baúl de gran capacidad con los artefactos más insólitos; juguetes de toda clase, instrumentos musicales caseros, libros y otras especies. Por supuesto, esa gran bicicleta que él mismo fabricó, tenía además su paraguas
incluído y una radio sintonizada en
AM; allí escuchaba sus boleros y tangos favoritos. Tarareando acortaba caminos.
Lo cierto es que este señor era famoso en toda la ciudad. Todas las noches recibía cientos de pedidos y demandas de padres agotados: "... es que María tiene miedo Don Pascual, ve monstruos en la oscuridad, se quiere pasar a nuestra cama pero creemos que ya está grande, sólo duerme con la luz prendida y ya no damos a basto con la cuenta de
UTE"..."...¡Ay Don Pascual!, resulta que Pablo sólo duerme con un
osito de peluche que perdimos hoy en la feria...llora y no podemos consolarlo...necesitamos de su creatividad e ingenio...¿podría venir esta noche por favor?...".
Ante estas solicitudes Don Pascual nunca se rendía. Y ahí venía la mejor parte. El diálogo con los niños, el baúl que se abría y
ZZZzzzzzz...asunto terminado.
Mi padre siempre se las arreglaba para que cada historia de Don Pascual fuera única. Si me concentro un poco todavía puedo escucharlo
narrarlas. De esos lujos que me da la memoria...